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DOS & DON'TS
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![]() ![]() Éste es Wavy Gravy. Antes de dar nombre a un sabor de helado, el icono de los años sesenta por excelencia fundó la mayor comuna hippy de Estados Unidos, hizo todo tipo de travesuras políticas, como intentar presentar un cerdo como candidato al Gobierno, y fue el “payaso oficial” de los Grateful Dead. También hizo de MC en la primera edición del Festival de Woodstock y se encargó de la tienda de los flipados. Teniendo en cuenta que tranquilizó a un montón de personas que estaban experimentando el que tal vez fuera el peor viaje de sus vidas, pensamos que podía darnos algunos consejos útiles sobre qué hacer cuando a uno le invade “El Pánico” (también esperábamos que usara un puñado de términos rancios para referirse a las drogas, como “canuto”, “grifa” o “nieve”, pero la verdad es que apenas lo hizo). Vice: Cuéntanos, Wavy, ¿qué hay que hacer cuando alguien tiene un mal viaje? Wavy Gravy: Yo recibo un montón de llamadas de gente que me dice: “Llevo un globazo increíble. ¿Qué tengo que hacer para que se me baje?”. Y yo les contesto: “Mira, haz lo siguiente. Sal a comprar un refresco de raíces y un helado, júntalo todo y bébetelo. Si no funciona, me vuelves a llamar”. Nunca me vuelven a llamar. El esfuerzo de ir a la tienda y mezclarlo todo les vuelve a poner los pies en el suelo. Jajaja, tiene gracia eso del “refresco de raíces”. Pero ahora en serio, ¿ése es tu secreto? ¿El helado? Sí. Es como si les asignaras una misión. Y para cuando la han cumplido, ya se encuentran bien. ¿Era eso lo que recetabas a los tripados que tenían un mal viaje en Woodstock?Recuerdo cuando llegó el primer tipo despotricando a la tienda. Allí sólo estábamos unos doctores con bata blanca y yo, que llevaba un gorro de cowboy con un cerdo asomando por la parte de delante. El tipo gritaba: “¡Miami Beach, Joyce, 1944!”, así que un doctor australiano de 100 kilos se le tumbó encima y le dijo “Contacto corporal”. Lo redujeron mientras otro tipo con bata blanca le gritaba: “¡Abre los ojos!”. Pero él no dejaba de gritar “¡Joyce! ¡Joyce! ¡Miami Beach!”. Entonces pensé que debía tomar cartas en el asunto y le pregunté: “Eh, tío, ¿cómo te llamas?”. Y él gritó: “¡Joyce!”. “No, que me digas cómo te llamas”. Y él respondió: “Bob”. Y yo le dije. “¿Sabes qué? Te llamas Bob”. Y noté que oírlo le gustó, así que le dije su nombre varias veces. Veías cómo iba recuperando la mirada, enfocando. Entonces le dije: “Bob, te has tomado un tripi y pronto se te va a bajar”. Era lo que necesitaba escuchar. ¿Y qué hay de ti, Wavy Gravy? ¿Qué haces tú cuando tienes un mal viaje? Creo que dejé de temer a los viajes de mescalina en la montaña rusa de Coney Island. Me compré unos cien tickets y, en media hora, mi vida había cambiado por completo. Tenía miedo de que me dijeran algo por divertirme demasiado, ahí, sentado en el vagón delantero y tricotando. Simplemente, hay que superarlo. Y, parafraseando a san Francisco de Asís: “Cada vez que besas a un leproso en la boca, se convierte en Jesucristo”. O al menos esos es lo que Nikos Kazantzakis decía que decía san Francisco. Ah, vale. ¿Algún otro aforismo pasado de rosca? Recuerda: Pensar intercede en el pensamiento. Fantástico. CHARLES BEAN |